Yo y mi novio, perdón, mi novio y yo habíamos decidido vivir juntos y por motivos que no compete explicar nos mudamos a una localidad alejada de la nuestra y cercana a Sevilla, la capital.
Ambos estábamos ilusionados con abandonar la tutela familiar y crear una claves comunicativas y de relación que pensábamos que eran más divertidas y mejores que los anticuados patrones clásicos de madre que espera en el hogar con jornada laboral que nunca termina y padre que aporta y se siente con el derecho de ser el que ostenta la autoridad familiar.
En fin, jóvenes e impulsivos, recogimos los bártulos y como teníamos formación suficiente para emprender actividades laborales con independencia del lugar en donde viviéramos, nos fuimos a las montañas, a un pueblo bien comunicado en su más amplio sentido de la palabra.
Disponíamos de unos ahorros que tras dos años de trabajos forzados habíamos juntado para poder alcanzar nuestro sueño y disponer de ellos como entrada para una primera inversión.
La existencia de este curioso lugar y de nuestra futura residencia -casa vieja con parcelita- la supimos gracias a un foro de la red y a través de él contactamos con un vecino de la villa que nos acogió los primeros días.
Llegamos a mediados de agosto, con la plasta de calina sobre los hombros y la mayoría de la población de vacaciones, menos su alcaldesa, la cual fue la primera persona que José, nuestro anfitrión, nos presentó.
M.ª José ejercía de juez en Sevilla y accedió a la alcaldía con mayoría absoluta sin apenas hacer campaña electoral por su tan valorada reputación y respeto, ambos adquiridos porque hacía apenas siete años en su casa montó una especie de academia gratuita especializada en CURSILLOS PREMATRIMONIALES.
La sutileza con la que nos condujo a su terreno denotaba el poder comunicativo de la jueza y el proceder justo y sensible con el que nos interrogó sin que percibiéramos sus convicciones sobre la institución pareja o matrimonio -que a efectos legales son prácticamente conceptos de uso similares- nos llevó a que dos días después del primer encuentro iniciáramos sus populares cursillos prematrimoniales a las once de la mañana en el salón de su casa.
Sentados sobre un cómodo sofá mi novio y yo esperamos a que nos trajera el primer documento de trabajo: un cuestionario que pretendía averiguar las razones de nuestra unión y las capacitaciones para ser autosuficientes en las rutinas de vida. El segundo documento versaba sobre nuestros proyectos como individuos. El tercer documento nos descubría a nosotros mismos la capacidad de resolución y la bondad de la estrategia seguida, es decir, grado de tolerancia razonada, a través de tomar decisiones ante situaciones difíciles. Un cuarto documento era relacional, debíamos hacer corresponder determinados conceptos con definiciones parecidas y con trampa, las cuales teníamos que discernir. Y un quinto documento trataba sobre el grado de conocimiento de la ley contractual matrimonial y de parejas de hecho.
Casi no hablamos y ella se quedó con los documentos cuyas respuestas habían sido dadas en secreto y con la prohibición expresa de comentarlas en ese lugar o en la privacidad de la pareja, para ello nos hizo jurar como buena juez ante algo que la pareja, es decir, nosotros, considerábamos sagrado. Y esto fue: -Nuestro Amor-
Tres días después nos citó a la misma hora y su actitud cambió radicalmente. Ante nosotros teníamos a una auténtica letrada: seria, amable, extremadamente educada, serena y atenta. Inició la sesión argumentando lo siguiente:
- Llevo trabajando bastantes años en juzgados de familia y creo imprescindible que sepáis que desde la distancia afectiva que se me impone por mi profesión, en múltiples ocasiones he experimentado grados intensos de malestar e indignación ante situaciones en las que he tenido que modular y fallar: sentencias que he llorado en soledad por impotencia ante la interpretación de determinados aspectos de la ley, el aséptico comportamiento de algunos fiscales, la complejidad moral de los abogados, la idiosincrasia de determinadas parejas y la trasformación maléfica que padece cada miembro ante la adversidad.
Afirmo ante vosotros que no he abandonado por mis convicciones y por la creencia de que la vida en sociedad debe disponer de instituciones que tiendan a que progresivamente la justicia se generalice y sea extensible a todos por igual.
Y superé la crisis instalándome en mi pueblo y llevando a cabo esta experiencia que, sin pretensiones, desearía que se expandiera con igual rapidez que los electrones por sus conductores.
Empiezo:
Debéis saber que cuatro de cada diez parejas se separa.
Que tres de esas diez ni se lo plantea porque se acostumbra a vivir padeciendo.
Que sólo tres de las diez que se formalizan perviven sólidas y con niveles de felicidad satisfactorios.
Por lo que si consideráis que seréis capaces de pertenecer a ese treinta por ciento que perdura, os doy la enhorabuena y ese es mi deseo.
De otro lado y se debe decir que la insatisfacción se instala en el resto -explicado está en los porcentajes sensibles de fluctuar-. Por lo que es de razón que os siga narrando:
Un día conocí a una maestra de infantil muy ilusionada con su proyecto educativo pero, cuando lo intentó encajar en la realidad de los peques se tropezó con lo evidente: antes que nada debía enseñar a sacar punta a los lapiceros. Así están las leyes cuando buscan su acomodo en lo social.
Pues bien, hoy hay más muertes definidas como pasionales –discutible el concepto- de mujeres en proceso de separación que las acaecidas en manos de los terroristas; ha habido periodos que una por día. Y lo grave es que ambos sectores se indignan por la situación, a lo que yo arguyo y apunto que la causa es la falta de información y conciencia del hecho contractual.
Vosotros queréis iniciar un proyecto conjunto, pues sabed:
- Que este contrato no es sólo de amor, si no mercantil.
- Que si hay equidad y holgura económica, apenas hay problemas en su disolución.
- Que los trámites se complican cuando uno de sus miembros no trabaja, pues ha de mantenerlo el otro en caso de separación, si no surge otro acuerdo.
- Que lo invertido en la convivencia generará beneficios y deudas compartidas, por lo que no debéis olvidar ajustar bien las cuentas.
- Que la dote que cada cual lleva es suya al igual que las herencias, indemnizaciones y regalos que los avatares de la vida ofrezcan. No es así los premios obtenidos por juegos promovidos por el Estado, que se considerarán gananciales de la pareja.
- Si tenéis hijos sabed que la custodia por lo general se concede a la madre y puede compartirse o cederse si se acuerda o dictamina, pasándose a estudiar cada caso con detenimiento.
Bien, tú, hombre, que sepas que éstas son las condiciones de la acción que inicias y en caso de separación o divorcio a esto te comprometes y si los motivos que generen la ruptura son innombrables por lo desagradable de su naturaleza, nunca podrás decir que tu compañera abusa:
Primero, porque la realidad social hace que sea el varón el que tenga mejor empleo y le dedique mayor número de horas a la promoción en el mismo. Realidad que está cambiando lentamente, pero se da de hecho, en detrimento de las tareas a las que le toca ocuparse la mujer: hogar y crianza, más trabajo remunerado si tiene la suerte de encontrarlo o mantenerlo tras parir. Esta situación también evoluciona pero al ser la generalidad hay que compensar a quien parte de menos.
Y bien, tú, mujer, que sepas que éstas son las condiciones de la acción que inicias y que en caso de separación o divorcio, el Estado te amparará, pero exhortando a tu dignidad como persona nunca podrás abusar de tu compañero:
Primero, porque en caso de estar empleada -si no hay un acuerdo serio en el seno de la pareja- deberás abandonar antes las obligaciones en el hogar que el trabajo e inmediatamente presionar a tu compañero si se niega a compartir hogar y crianza. Si el Estado en que vivimos se define como moderno y no discriminatorio y hay una lucha organizada en pro de la equidad de las féminas, no es de ley que te acomodes en posturas machistas como excusa para conservar tu pareja: debes estar activa.
Por lo que a ambos os digo que debéis dejar claro y por escrito los acuerdos que competen a las rutinas y distribución de tareas; ese será el documento que de fe de vuestros compromisos, ojalá frente a la ley, pero al menos frente a vosotros mismos.
Estupefactos recibimos un primer sobre que contenía el primer cuestionario y una hoja adicional con los resultados de coincidencias y disparidades.
A continuación, M. ª José nos dijo:
- Hablad, comunicaos y llegad a acuerdos. Y pedid una cita para la próxima sesión del curso cuando asentéis vuestras conclusiones por escrito. Esto viene a ser como sacar punta a los lapiceros para los peques.
Resultó que tardamos más de una semana en acudir de nuevo, tiempo en el cual no parábamos de hablar y comentar las curiosidades observadas en los cuestionarios:
Ninguno de los dos sabíamos de cocina de olla, ni quitar manchas, ni planchar. A ninguno nos gustaba bajar la basura ni limpiar los cristales. Ambos éramos de naturaleza desordenada y coincidíamos en que para poder ofrecer nuestra casa a otras personas, debíamos al menos cumplir unos mínimos higiénicos cuya definición de concepto era dispar. Variaban también los tiempos de ejecución de tareas que cada cual había previsto, resultando que uno de nosotros era el triple de eficaz en función del tiempo que el otro. Además, el momento en el que se debían ejecutar las tareas también suponía un problema: a uno de nosotros le daba igual, lo supeditaba a las ganas que tuviera sin tener en cuenta que el momento de recibir a los amigos estaba previsto que fuera por la tarde, donde todos coincidíamos con nuestro tiempo de ocio. El otro creía que si se creaba un hábito en su ejecución se mejoraría la calidad en la relación y pensaba que era necesario ejecutar en determinados momentos del día y elegir un día de la semana para profundizar en las tareas domésticas.
Largas horas de discernimiento para generar esta simpleza de documento:
- Cincuenta por ciento de reparto en lo compartido, medido en función del tiempo, penándose la ineficacia con las tareas desagradables para ambos que se irán descubriendo en la convivencia.
- Lo que compete a cada cual lo resuelve uno mismo.
- Compromiso de mantener limpio y ordenado los espacios comunes.
- Las acciones que se hagan porque apetece – desayunos, lavadoras, manchas quitadas, etc.- que en ningún momento se conviertan en obligación.
M. ª José lo leyó en silencio sin emitir juicio alguno y a continuación siguió comportándose como una letrada:
- He de deciros que en múltiples ocasiones ningún familiar, ni amigo, ni institución con ánimo formativo menciona, pues no se atreve por miedo a no disuadir a la pareja en su unión, a hablar de lo que supone este contrato.
Por lo que os recuerdo que vuestra unión que inicialmente es por amor, es en la práctica económica. Y la unidad familiar suele tener descendencia.
Así que, si uno de vosotros aporta una vivienda y la convierte en el lugar habitual de residencia, que sepáis que en caso de separación, inicialmente la vivienda es para el que custodie a los hijos.
Que si la vivienda es el resultado de una inversión debida por la convivencia -aunque sólo los pagos los realice uno de vosotros pues el otro se quede desempleado o hayáis decidido que no merece la pena que sea explotado por el sueldo que recibe en el mercado laboral- en caso de separación, el empleado que no asume la custodia, se verá sin poder hacer uso de su propiedad y con la obligación de hacer frente a la deuda contraída en los términos que se dictamine en la sentencia.
Sueños y proyectos he leído que ambos tenéis. Ganas de evolucionar y crecer también. Y la experiencia me ha hecho ver que los ritmos vitales nunca son paralelos. Además resolvéis de forma diferente los conflictos y algunos de vuestros conceptos básicos también son sustancialmente contrapuestos, incluido el concepto de lo íntimo.
En este sobre os entrego vuestros cuestionarios e incluyo un documento que analiza las coincidencias y las disparidades junto con la ley. Comentadlo y aquí acaba el curso. No hace falta que regreséis de nuevo. Sois adultos y os toca decidir.
Mi novio y yo habíamos decidido vivir juntos porque nuestro amor nos unía y la jueza nos puso en situación: en el mundo de adultos no se puede jugar a las casitas, ni tolerar el comportamiento de muñequitos, donde ellas viven en el mundo rosa y ellos en el mundo azul, si se es de los que necesitan trabajar para comer.
El acto de amor ha de hacer que confluyan los mundos de color con acuerdos consensuados y ante las inversiones hay que ser serios y evitar embaucarse por las sugerencias del agente inmobiliario y por las facilidades bancarias que te ofrecen para endeudarte. Y de eso hay que hablar pues me parece injusto que un ser humano se forme, invierta su tiempo, se arriesgue y después por inmadurez emocional y desconocimiento de las normas legales inicie proyectos aparentemente de amor en los que no sopesa las consecuencias.
En la actualidad no cabe el comportamiento machista, ni en ellos ni en ellas. Pues las facturas están bañadas de sangre y las leyes socorren sin crear mecanismos preventivos efectivos.
Numerosas jornadas de diálogo tardamos en decidirnos mi novio y yo y esto fue lo que hicimos ante el hecho contractual y económico que suponía nuestra unión y el deseo de vivir juntos.
Lo primero, una ventaja experimentamos, y fue que los temas de comunicación se ampliaron y la costumbre de conversar fue adictiva.
Lo segundo, es que no nos quedaba más remedio que invertir formando una unidad económica, pues éramos pobres. Así que compramos la casita con parcela e hicimos en ella dos micro-apartamentos que escrituramos independientemente, los cuales se comunicaban a través de unas correderas que podían convertirse en tabique si la arrancada de la vida vencía a nuestro amor.
Y por último, en documento notarial pactamos la ingenuidad siguiente:
Mientras el amor, el respeto y la capacidad de comunicación perduren en la pareja ninguno de sus miembros permitirá que el otro se sienta explotado dentro del hogar o en el mundo laboral.
El reparto de las obligaciones es al cincuenta por ciento y las excepciones serán la enfermedad, los periodos de formación intensa los cuales el instruido deberá compensarlos posteriormente, la dedicación laboral que requiera esfuerzos extras, la cual también tendrá que ser modulada.
En caso de divorcio procuraremos que los hijos estén siempre en las mejores condiciones emocionales y económicas posibles, y en ningún caso se convertirán en herramienta de chantaje económico.
Si la adversidad nos induce a desear el mal del otro miembro, se recordará este documento en el cual nos comprometemos los firmantes a garantizar niveles mínimos de dignidad que se traducen en:
- garantía de que ambos miembros tengan una vivienda habitable y liquidez económica para que se presente ante la sociedad y sus hijos con los mínimos cubiertos y pueda rehacer su vida.
Excepciones: - desidia laboral
- ludopatía, alcoholismo, drogadicción y otros vicios
Las excepciones serán tratadas por expertos y se estará en la espera hasta que se curen para aplicar lo dicho, pues si llega la ruina a nuestro hogar que no hunda al conjunto.
Fin del documento notarial
Y en ello estamos, viviendo juntos en este pueblo que sobretodo está bien comunicado y nosotros extraordinariamente informados. Nuestra empresa “familia” invirtió, como ya mencioné, en dos micro-viviendas adosadas y que hoy siguen unidas; hogar que compartimos felizmente todos los miembros de nuestra familia -tres zagales y mi novio y yo-. Estamos inscritos en una “sociedad” inmobiliaria que construye viviendas parecidas y tasadas de igual manera, repartidas por toda la villa en la que ya la juez no es su alcaldesa. Dicha “asociación socioeconómica” nos garantiza que en caso de que nos separemos y tengamos que dividir el pareado, podamos alejarnos físicamente pues se nos permite el trueque por otra similar que esté distante y así poder sanar el corazón en la distancia. Además, se ha creado un maravilloso recinto a las afueras del pueblo, subvencionado por el municipio, en el que en periodos de crisis se puede acudir a poner en orden las ideas y tomar las decisiones que convengan. En el mismo recinto hay una oficina de empleo y de capacitación laboral que se dedica a formar a aquellas personas, -independientemente de la condición o gusto sexual que tengan- que estén en el paro y deban a partir de su separación insertarse en el mundo laboral.
De otro lado, en el Ayuntamiento se ha creado dos oficinas especializadas: una para recibir denuncias, demandas de ayuda... de aquellos que padezcan adicciones peligrosas (alcohol, juego, drogas de diseño, etc.) y el mecanismo del Estado interviene cuando la pareja o uno de sus miembros se lo solicita. La otra oficina recoge las denuncias que hacen referencia a situaciones de explotación por machismo tanto de ellos como de ellas, para los casos en que se nieguen a cooperar en la vida doméstica o que se nieguen a cooperar en la vida social y económica. El lema es: LOS DOS ACTIVOS, LOS DOS VIVOS.
Pueblo curioso es esta preciosa villa situada entre montañas que no permite que la ocupación exclusiva de las féminas sea pintarse las uñas y esperar a un novio que la mantenga, ni que tampoco permite que la ocupación exclusiva de los varones sea trabajo, fútbol, copeo y sexo. Pueblo que impide lo dicho a través de la cultura y exige a todos sus vecinos sin excepción estudios y cuando alguno tiene problemas hay organizaciones que ayudan gratuitamente a superar las trabas académicas.
Este es mi pueblo comunicado, informado, respetuoso, culto, creativo y solidario.
Y así de ingenuos somos yo, mi novio y mi pueblo, perdón, mi pueblo, mi novio y yo.
autora: silvia lázaro
de RELATOS DE LÁZARO
Nº Registro 200799900163100 Expediente 00432